Muckeando...

 

 La vida es una tómbola tom tom tómbola…

Marisol

Su nuevo trabajo como jefa de rango la impulsó a seguir preparándose para dedicarse a lo que en realidad era lo suyo: la organización de personal y clima laboral de muchos restaurantes. Atrás quedó el recuerdo del proyecto truncado. Recordaba borrosamente las razones de su regreso a Madrid, la oferta de trabajo de su antiguo jefe solicitando sus servicios profesionales como directora de recursos humanos, en una empresa en decadencia, que inexplicablemente pudo pagarle el pasaje desde Venezuela. Ahora su realidad era otra. Supo que su vida cambiaría desde el momento en que un sueño premonitorio la estuvo acompañando de manera recurrente. La dominaba el deseo de ubicar el lugar de la cita, porque de eso se trataba, de un lugar donde la estaban esperando,  pero por mucho pensar no daba con el sitio. El sueño apenas le ofrecía una señal que resultaba confusa y extravagante: una vaca pastando en el jardín exterior de un edificio. Poco a poco comenzó a reparar en el lugar, su insistencia en interpretar las posibles pistas de la ficción nocturna la tenían obsesionada, hasta el día en que la despertó el  timbre del teléfono. Del otro lado del aparato, una voz le avisaba que la esperaban en Lamucca. Mientras estos recuerdos envuelven su pensamiento, atiende a los clientes con la voz de Marisol cantando:

La vida es una tómbola tom tom tómbola

la vida es una tómbola tom tom tómbola

de luz y de color

de luz y de color

 

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La vida es una tómbola tom tom tómbola

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de luz y de color

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Su nuevo trabajo como jefa de rango la impulsó a seguir preparándose para dedicarse a lo que en realidad era lo suyo: la organización de personal y clima laboral de muchos restaurantes. Atrás quedó el recuerdo del proyecto truncado. Recordaba borrosamente las razones de su regreso a Madrid, la oferta de trabajo de su antiguo jefe solicitando sus servicios profesionales como directora de recursos humanos, en una empresa en decadencia, que inexplicablemente pudo pagarle el pasaje desde Venezuela. Ahora su realidad era otra. Supo que su vida cambiaría desde el momento en que un sueño premonitorio la estuvo acompañando de manera recurrente. La dominaba el deseo de ubicar el lugar de la cita, porque de eso se trataba, de un lugar donde la estaban esperando,  pero por mucho pensar no daba con el sitio. El sueño apenas le ofrecía una señal que resultaba confusa y extravagante: una vaca pastando en el jardín exterior de un edificio. Poco a poco comenzó a reparar en el lugar, su insistencia en interpretar las posibles pistas de la ficción nocturna la tenían obsesionada, hasta el día en que la despertó el  timbre del teléfono. Del otro lado del aparato, una voz le avisaba que la esperaban en Lamucca. Mientras estos recuerdos envuelven su pensamiento, atiende a los clientes con la voz de Marisol cantando:

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