UN MUCHACHO FORNIDO

Desde mi atalaya, una silla alta de madera, situada en una de las ventanas, lo primero que aprecié del muchacho – desde mis cuarenta y siete años, a los de veinte los considero jóvenes – es que era fornido. Mi asiento se encuentra en Lamucca, un restaurante alejado de cualquier parámetro típico; por eso me …

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